viernes, 2 de octubre de 2015

Juana la Loca (Parte 1)

  • Introducción

Juana de Aragón y Castilla nació en Toledo el 6 de Noviembre de 1479 fue Infanta de Castilla, Princesa de Asturias y Gerona; Duquesa titular consorte de Borgoña y Reina de Castilla y Aragón; hija de los Reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.
  • Infancia y Juventud

Fue bautizada con el nombre del santo patrón de su familia, al igual que su hermano mayor, Juan.

Desde pequeña, recibió la educación propia de una infanta e improbable heredera al trono, basada en la obediencia más que en el gobierno, a diferencia de la exposición pública y las enseñanzas del gobierno requeridos en la instrucción de un príncipe heredero. En el estricto e itinerante ambiente de la corte castellano-aragonesa de su época, Juana estudió comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras propias de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, el entrenamiento como amazona y el conocimiento de lenguas romances propias de la península Ibérica, además del francés y del latín. Entre sus principales preceptores se encontraba el sacerdote dominico Andrés de Miranda, Beatriz Galindo y su madre, la reina, que trató de moldearla a su «hechura devocional».
El manejo de la casa de la infanta y, por ende, de su ambiente inmediato estaba totalmente dominado por sus padres. La casa incluía personal religioso, oficiales administrativos, personal encargado de la alimentación y criadas y esclavas,todos seleccionados por sus padres sin intervención de ella misma. A diferencia de Juana, su hermano Juan, Príncipe de Asturias y de Gerona, comenzó a hacerse cargo de su casa y de posesiones territoriales como entrenamiento en el dominio de sus futuros reinos.
Ya en 1495 Juana daba muestras de escepticismo religioso y poca devoción por el culto y los ritos cristianos. Este hecho alarmaba a su madre, que ordenó que se mantuviese en secreto.
  • Matrimonio y la Armada de Flandes


Como era costumbre en la Europa de esos siglos, Isabel y Fernando negociaron los matrimonios de todos sus hijos con el fin de asegurar objetivos diplomáticos y estratégicos. A fin de reforzar los lazos con el Sacro Emperador Romano Germánico, Maximiliano I de Habsburgo, contra los monarcas franceses de la dinastía Valois, ofrecieron a Juana en matrimonio a su hijo, Felipe, archiduque de Austria. A cambio de este enlace, los Reyes Católicos pedían la mano de la hija de Maximiliano, Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan. Con anterioridad, Juana había sido considerada para el delfín Carlos, heredero del trono francés, y en 1489 pedida en matrimonio por el rey Jacobo IV de Escocia, de la dinastía Estuardo.
En agosto de 1496, la futura archiduquesa partió de Laredo en una de las carracas genovesas al mando del capitán Juan Pérez. La flota también incluía, para demostrar el esplendor de la corona castellano-aragonesa a las tierras del norte y su poderío al hostil rey francés, otros 19 buques, desde naos a carabelas, con una tripulación de 3.500 hombres, al mando del almirante D. Fadrique,y pilotada por Sancho de Bazán. Se le unieron asimismo unos 60 navíos mercantes que transportaban la lana exportada cada año desde Castilla. Era la mayor flota en misión de paz montada hasta entonces en Castilla.Juana fue despedida por su madre y hermanos, e inició su rumbo hacia Flandes, hogar de su futuro esposo. La travesía tuvo algunos contratiempos que, en primer lugar, la obligaron a tomar refugio en Portland, Inglaterra, el 31 de agosto. Cuando finalmente la flota pudo acercarse a Middelburg, Zelanda, una carraca genovesa que transportaba a 700 hombres, las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales, encalló en un banco de piedras y arena y tuvo que ser abandonada.Juana, por fin en las tierras del norte, no fue recibida por su prometido. Ello se debía a la oposición de los consejeros francófilos de Felipe a las alianzas de matrimonio pactadas por su padre el Emperador. Aún en 1496, los consejeros albergaban la posibilidad de convencer a Maximiliano de la inconveniencia de una alianza con los Reyes Católicos y las virtudes de una alianza con Francia. La boda se celebró por fin el 20 de octubre de 1496. El ambiente de la corte con el que se encontró Juana era radicalmente opuesto al que ella vivió en su España natal. Por un lado, la sobria, religiosa y familiar corte de Fernando e Isabel contrastaba con la desinhibida y muy individualista corte borgoñona-flamenca, muy festiva y opulenta gracias al comercio de tejidos que sus mercados dominaban desde hacia un siglo y medio. En efecto, a la muerte de María de Borgoña, la casa de Felipe, de cuatro años, había sido rápidamente dominada por los grandes nobles borgoñones, principalmente a través de consejeros adeptos y fieles a sus intereses.
Aunque los futuros esposos no se conocían, se enamoraron locamente al verse. No obstante, Felipe pronto perdió el interés en la relación, lo cual hizo nacer en Juana unos celos que han sido considerados patológicos por varios autores. Al poco tiempo llegaron los hijos, con periodos de abstinencia conyugal que agudizaron los celos de Juana. El 24 de noviembre de 1498, en la ciudad de Lovaina (cerca de Bruselas) nació su primogénita, Leonor, llamada así en honor de la abuela paterna de Felipe, Leonor de Portugal. Juana vigilaba a su esposo todo el tiempo y, pese al avanzado estado de gestación de su segundo embarazo, del que nacería Carlos (llamado así en honor al abuelo materno de Felipe, Carlos el Temerario), el 24 de febrero de 1500, asistió a una fiesta en el palacio de Gante. Aquel mismo día tuvo a su hijo, según se dice, en los lavabos del palacio. Al año siguiente, el 18 de julio de 1501, en Bruselas, nació la tercera hija del matrimonio, llamada Isabel en honor de la madre de Juana.

Varios sacerdotes enviados a Flandes por los Reyes Católicos informaron en este tiempo de que Juana seguía resistiéndose a confesarse y a asistir a misa.

martes, 29 de septiembre de 2015

Juana la Beltraneja (Parte 3)

  • Juana entra en Portugal

Después de la batalla de Toro, Alfonso V, aunque despojado de todos sus aliados castellanos - que fueron a reforzar las huestes de Isabel -, se mantuvo con el grueso de las fuerzas portuguesas en Castilla durante tres meses y medio (hasta el 13 de junio 1476) manteniendo capacidad operacional y lanzando varios ataques en la zona de Salamanca y más tarde alrededor de Toro: «[Alfonso] nunca dejó de hacer cabalgadas y entradas por la tierra, [actuando] más como capitán de frontera que no como Rey, como sería apropiado para su persona real.» Incluso, poco después de la batalla, en abril de 1476, el ejército portugués organizó dos grandes operaciones militares para capturar, primero al propio rey Fernando (durante el cerco de Cantalapiedra) y después, a la reina Isabel (entre Madrigal y Medina del Campo). Mientras el príncipe Juan retornaba a Portugal en los primeros días de abril de 1476, más de un mes después de la batalla, con una pequeña parte de las tropas portuguesas (400 jinetes), para supervisar la defensa  de la cada vez más flagelada frontera portuguesa, su prima y madrastra Juana permanecía en su corte de Toro.
Sin embargo, la estrategia de los reyes Católicos, que tenían el tiempo y los recursos combinados de Castilla y Aragón a su favor, comenzaba a producir sus frutos: el perdón negociado con los nobles rebeldes, el asedio de las fortalezas juanistas, la terrible presión militar sobre las tierras fronterizas portuguesas - cuyas fuerzas se encontraban en Castilla -, y finalmente, el comienzo de la guerra naval, para atacar la fuente del poder y financiamiento de Portugal (su imperio marítimo y el oro de Guinea).
Además, Alfonso quería ir a Francia para convencer a Luis XI de no renovar la tregua con Aragón, que expiraría en julio de 1476.
Todo esto hizo inevitable el regreso del ejército portugués el 13 de junio de 1476, y con él, Alfonso y Juana de Trastámara se fueron para siempre.
  •  Exilio en Portugal

Herida en su dignidad e intereses, se retiró en 1479 al monasterio de Santa Clara de Coímbra, donde pronunció sus votos al año siguiente. Fernando e Isabel enviaron a la ciudad portuguesa, para que fuesen testigos de la ceremonia, a Díaz de Madrigal (individuo del Consejo Real de Castilla) y a Hernando de Talavera (confesor de la reina). Este dirigió a Juana una exhortación en la que le dijo que había adoptado el mejor partido según los evangelistas, y terminó su discurso declarando que ningún pariente, ningún amigo verdadero, ningún consejero fiel, querrían apartarla de tan santa determinación.
Los votos irrevocables pronunciados por Juana no impidieron que su mano fuese en 1482 solicitada por Francisco Febo, hijo de Gastón de Foix y de Magdalena de Francia, hermana de Luis XI de Francia. Febo era el heredero de Navarra. Esta proposición, hecha a instigación del monarca francés, servía a Luis XI para suscitar dificultades a los reyes de Castilla y Aragón, que amenazaban el Rosellón. La muerte de Francisco Febo impidió que las cosas siguieran adelante. Más adelante la diplomacia castellano-aragonesa le planteó a Juana casarse con el príncipe Juan, heredero al trono, pero Juana rechazó la oferta.
En 1500 el rey portugués Manuel el Afortunado planteó el matrimonio con Juana. Estaba viudo de la infanta Isabel (hija de los Reyes Católicos) y estaba esperando la dispensa papal para desposar con su cuñada María, y con ello pretendía acelerar los trámites para obtener la dispensa.
Se dice también (pero no está probado) que, viudo de Isabel I en 1504, el rey Fernando de Aragón le propuso a Juana que se casara con él. Así esperaba Fernando resucitar los títulos de esta princesa a la sucesión de Enrique IV y quitar el reino de Castilla a Felipe de Austria, que gobernaba en nombre de Juana I. La Beltraneja no quiso aceptar como esposo al que en otro tiempo la había declarado hija adulterina de Juana de Portugal y Beltrán de la Cueva.
Sin embargo, la religiosa de Coímbra, como complacían en llamarla los castellanos desde que tomó el velo; la excelente señora,como decían los portugueses, salía con frecuencia del convento. Finalmente los reyes de Portugal le otorgaron morada en el castillo de San Jorge de Lisboa, donde vivía con gran aparato protegida por los reyes de Portugal, los cuales insinuaron más de una vez que podían dar nueva vida a los derechos de la infortunada princesa. Así, hasta el fin de sus días, Juana firmó con las palabras Yo la reina.
En el año 1522, mientras Castilla estaba envuelta en una nueva guerra civil, llamada de las Comunidades, Juana testó sus derechos a la corona de Castilla a favor del rey Juan III de Portugal (nieto de los Reyes Católicos).

Murió el 12 de abril de 1530. Sus restos mortales se hallan actualmente desaparecidos, como consecuencia del terremoto de Lisboa.
  • Escudo
No se la conoce escudo.
  • En la Ficción
Juana la Beltraneja es interpretada por Carmen Sanchez en la serie Isabel de TVE.
 

lunes, 28 de septiembre de 2015

Juana la Beltraneja (Parte 2)

  • Guerra Civil: Bando de Juana

Muerto Enrique IV el impotente, casi toda la nobleza apoyó la causa de Isabel, en otras palabras, la alianza de las coronas de Castilla y Aragón; pero algunas familias muy poderosas de Castilla abrazaron el partido de Juana.
Juana había sido reconocida como reina por Diego López Pacheco y Portocarrero, marqués de Villena, de gran influencia en los territorios meridionales de Castilla la Nueva por sus inmensos estados, que se extendían desde Toledo a Murcia. Lo mismo había hecho el duque de Arévalo, que disfrutaba notable crédito en Extremadura, y en el mismo bando ingresaron el marqués de Cádiz, el maestre de Calatrava, un hermano de este y el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo.
  • Reina de Castilla y Portugal

Comprendiendo los defensores de Juana que sus fuerzas eran inferiores a las de Isabel, pidieron al rey portugués Alfonso V que defendiera el derecho de su sobrina Juana, y le propusieron que se casara con ella, con lo que vendría a ser también rey de Castilla. Alfonso aceptó y dirigió a Isabel y Fernando una manifestación, exigiéndoles que renunciaran a la corona en favor de Juana si querían evitar las consecuencias de la guerra, y pasando la frontera con 1600 peones y 5000 caballos avanzó por Extremadura. Llegó a Plasencia, donde se le incorporaron el marqués de Villena y el duque de Arévalo, y allí se desposó el 25 de mayo de 1475 con Juana, a la vez que dirigía mensajeros a Roma solicitando la dispensa del parentesco que entre ellos mediaba.
Enseguida se proclamó a los desposados reyes de Castilla, y se expidieron cartas a las ciudades, exponiendo el derecho de Juana y reclamando la fidelidad de estos. Juana, en dichas cartas, expedidas por el secretario Juan González, asegura que Enrique IV en su lecho mortal declaró solemnemente que ella era su única hija y heredera legítima.
Juana trató de evitar la guerra civil, proponiendo que el voto nacional resolviera la cuestión del mejor derecho. He aquí sus palabras, tomadas de la carta o manifiesto que dirigió a las ciudades y villas del reino: «Luego por los tres estados de estos dichos mis reinos, e por personas escogidas de ellos de buena fama e conciencia que sean sin sospecha, se vea libre e determine por justicia a quien estos dichos mis reinos pertenecen; porque se excusen todos rigores e rompimientos de guerra.»
  • Guerra Civil: Comienzan los enfrentamientos

De nada sirvieron estos buenos deseos. Fernando e Isabel hicieron preparativos para rechazar por la fuerza al portugués. Este cometió la torpeza de permanecer inactivo en Plasencia y Arévalo, dando a sus contrarios tiempo para reunir en el mes de julio a 4000 hombres de armas, 8000 jinetes y 30 000 peones.
Rompieron las hostilidades en varios puntos de la península. Alfonso V, saliendo de Arévalo, se apoderó de Toro y Zamora. Fernando se presentó delante de Toro con las milicias de Ávila y Segovia, más bien pronto hubo de emprender la retirada, que fue desordenada y desastrosa. En cambio los plebeyos castellanos, vasallos de Juana, servían con repugnancia bajo las banderas portuguesas, y los nobles que apoyaban a la hija de Enrique IV tuvieron que hacer bastante para defender sus territorios de Galicia, Villena y Calatrava contra los partidarios de Isabel. Numerosos escuadrones de caballería ligera extremeña y andaluza causaban la más espantosa desolación en las tierras de Portugal fronterizas de Castilla, y los nobles portugueses se quejaban en alta voz de estar encerrados en Toro cuando en su propio país ardía la guerra.
En Toro tenía Juana su corte con gran magnificencia, y, al decir de sus parciales, desplegaba grandes cualidades de reina, aunque solo tuviera entonces trece años. Alfonso V, sin embargo, hubiera renunciado a sus pretensiones a la corona, recibiendo en cambio el reino de Galicia, las ciudades de Zamora y Toro y una considerable suma de dinero; pero Isabel, que consentía en lo último, se negó a ceder un solo palmo de terreno.
Fiel a esta la ciudad de Burgos, fue preciso, no obstante, que Fernando sitiara el castillo de la misma guardado por Íñigo de Zúñiga, partidario de Juana. Alfonso V se puso en marcha para socorrerlo, pero después de tomar Baltanás y Cantalapiedra, decidió retroceder por no alejarse demasiado de la frontera portuguesa. Abandonada a su suerte, la guarnición juanista del castillo de Burgos se rindió a Alfonso de Aragón, hermano de Fernando en 28 de enero de 1476.
Fue el punto de inflexión de la guerra civil, puesto que la quiebra de prestigio de Alfonso desencadenó la disolución del partido de Juana en Castilla y las deserciones de los soldados portugueses quienes, sin voluntad de continuar al servicio del rey, regresaron a Portugal. A pesar de las cartas de auxilio militar enviadas por Alfonso a los grandes nobles juanistas que habían solicitado su intervención en Castilla, ninguno se mostró disponible, incluso el poderoso marqués de Villena, Diego López de Pacheco. De todos los Grandes de Castilla partidarios de Juana, solo Alfonso Carrillo (arzobispo de Toledo) estará al lado del rey portugués en el día de la batalla de Toro.
Del sitio de la fortaleza de Burgos pasó Fernando en diciembre a Zamora, cuyos habitantes volvieron a la obediencia de Isabel y cercaron a la guarnición portuguesa en la fortaleza. Por su parte, Alfonso V - después de recibir en Toro las tropas de refuerzo de su hijo Juan a finales de enero de 1476  - puso cerco al ejército de Fernando que quedó encerrado en Zamora a mediados de febrero.
  •  Guerra Civil: Batalla de Toro

En 1 de marzo de 1476, tras dos semanas de lluvia y frío, el ejército portugués levanta el sitio a Zamora con la intención de invernar en Toro. Fernando lo siguió y alcanzó cerca de Toro, donde ambos ejércitos - con aproximadamente 8000 hombres cada uno se dispusieron en formación de combate.
En la batalla de Toro, mientras el rey portugués fue derrotado, su hijo, el príncipe Juan, después Juan II de Portugal, venció con sus huestes al ala derecha castellana, quedándose señor del campo de batalla.
Pero a pesar de su resultado incierto, las consecuencias políticas de la batalla de Toro sellaron la victoria de Isabel que hizo proclamar heredera de Castilla a su hija en las cortes de Madrigal-Segovia (abril-octubre de 1476); Se entregó a Fernando el castillo de Zamora el 19 de marzo de 1476; hicieron lo mismo Madrid y todas las plazas del centro del reino, el duque de Arévalo, el maestre de Calatrava, su hermano, que era conde de Ureña, y otros muchos nobles.

Ante tal noticia, el partido de Juana se desintegró y el portugués, sin base de apoyo, acabó regresando a su reino. Para Juana era el fin del sueño.

Juana la Beltraneja (Parte 1)

  • Introducción

Juana de Castilla y Portugal nació en Madrid el 28 de febrero de 1462 fue una Infanta Castellana, Reina proclamada de Castilla y León y Reina consorte de Portugal; hija del rey Enrique IV de Castilla y su mujer Juana de Portugal – hermana del rey Alfonso V de Portugal -.
  • Infancia

Enrique IV fue apodado en su tiempo por sus adversarios “el Impotente”, no tanto por no haber tenido descendencia con su primera esposa Blanca de Navarra, como por ser de dominio publico la dejación que hacía de sus obligaciones conyugales. Por eso, cuando su segunda esposa, Juana de Portugal, dio a luz una niña, esta fue atribuida a una supuesta relación adúltera de la reina con uno de los privados del monarca, Beltrán de la Cueva; de ahí que se motejase a la princesa como la Beltraneja, a pesar de ser esto imposible por no concordar las fechas.
El 9 de mayo de 1462, pocos meses después de su nacimiento, Juana fue jurada en las Cortes de Madrid como princesa de Asturias y heredera del reino.
Unos dos años de edad contaría la princesa durante el apogeo de las revueltas nobiliarias contra Enrique IV, que acusaron de ilegítima a la princesa y tomaron partido por el hermano del rey, el infante Alfonso. El monarca intentó solventar la sublevación nobiliaria acordando el matrimonio de Alfonso con su hija Juana; así, en 1464, Alfonso fue proclamado heredero y sucesor del reino.
El mismo Enrique IV propuso al rey Alfonso V de Portugal, poco antes, el enlace de Juana con el infante Juan, hijo del portugués. Ni uno ni otro proyecto se realizaron, y en cambio el monarca de Castilla desheredó por segunda vez a su hija al reconocer, en el Tratado de los Toros de Guisando, como princesa de Asturias a su hermana Isabel, siempre y cuando ésta casara con el príncipe electo por él. No mucho más tarde, en 1468 y en 1469, se trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal, hermano de la reina de Castilla, y a Juana, renovando el antiguo proyecto, con Juan, hijo primogénito de Alfonso V, con la condición de que Juana sucediera a Isabel si esta moría sin ningún hijo. Tampoco se realizó este proyecto.
  • Una princesa bajo custodia

Es curioso que siendo hija del rey Enrique IV, la mayor parte de su vida vivió custodiada por la nobleza, que tenía en ella un valioso rehén: desde 1465 hasta 1470 la custodió el conde de Tendilla Íñigo López de Mendoza en los castillos de Buitrago del Lozoya y Trijueque; desde 1470 a 1474, Juan Pacheco, en el castillo de Escalona y en el alcázar de Madrid; y entre 1474 y 1475 Diego López Pacheco en el alcázar de Madrid y en los castillos de Escalona y Trujillo. Lo que queda claro en sus diversas biografías es que nunca estuvo custodiada por Diego López Pacheco y Portocarrero en su castillo de Belmonte.
  • Matrimonio con el Duque de Guyena

Casó luego en secreto Isabel con el infante Fernando de Aragón en 1469, rompiendo lo dispuesto en el tratado con su hermano Enrique IV. Este, que durante toda su vida prodigó a su hija las muestras de afecto paternal, dio respuesta favorable a los embajadores de Luis XI de Francia, que le pedían la mano de Juana para el duque de Guyena, hermano del francés. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Medina del Campo en 1470.
A petición de Juan Pacheco y de los embajadores de Francia, revocó Enrique IV el tratado de los Toros de Guisando, después de jurar, juntamente con su esposa, que la infanta Juana era su hija legítima. El 26 de octubre se verificó la ceremonia en Valdelozoya en una pradera convenientemente dispuesta para tal propósito, no lejos de Buitrago del Lozoya, y después que los nobles presentes prestaron a la infanta el acostumbrado juramento de fidelidad como heredera de la corona, acto que no llegó a ser sancionado por las Cortes, se desposó a la princesa con el conde de Boulogne, representante del duque de Guyena. El cardenal de Albi, uno de los embajadores de Luis XI, fue en aquel día el encargado de tomar juramento a los reyes y verificar los desposorios.
  • Juana e Isabel, sobrina y tía

Enrique IV murió el 11 de diciembre de 1474. En sus últimos días había visto desbaratado el enlace de Juana, porque dicho duque falleció en 1472. Por esta causa realizó el castellano nuevas e infructuosas tentativas para procurar un apoyo a su hija, casándola con el citado Alfonso V o Juan de Portugal. Se pensó también en dar a Juana por esposo a Enrique Fortuna, infante de Aragón, o a Fadrique, infante de Nápoles.

El testamento del rey desapareció y los partidarios de Isabel sostuvieron que el rey había muerto sin testar. Sin embargo, según Lorenzo Galíndez de Carvajal, un clérigo de Madrid custodió el documento y huyó con él a Portugal. Al final de su vida, la reina Isabel tuvo noticia del paradero del testamento y ordenó que se lo trajeran. Fue encontrado y llevado a la corte pocos días antes del fallecimiento de la reina, en 1504. Siempre según Galíndez de Carvajal, que fue testigo de la muerte de la reina, unos decían que el testamento fue quemado por el rey Fernando mientras que otros sostenían que se lo quedó un miembro del consejo real.

sábado, 26 de septiembre de 2015

María de Aragón

  • INTRODUCCIÓN
María de Aragón y Castilla nació en Córdoba el 15 de Diciembre de 1485 fue Infanta de Castilla y Aragón y Reina consorte de Portugal; hija de los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.
  • NACIMIENTO

María de Aragón y Castilla fue la penúltima hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón mejor conocidos como los Reyes Católicos. La Infanta María nació el 29 de Junio de 1482 en Córdoba. Fue la única hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón . La Corte de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, era itinerante, es decir se desplazaba continuamente y el nacimiento de María ocurrió durante los inicios de la guerra para la conquista del Reino Nazarí de Granada. La reina Isabel I de Castilla no reparaba en cabalgar, aunque estuviese embarazada.
El anterior parto de la reina, en el cual dio a luz a Juana la Loca, al parecer fue sin complicaciones. En cambio, el penúltimo embarazo de Isabel I de Castilla, en el cual nació María, tuvo mayores molestias. Las circunstancias de ambos partos son irónicas, pues Juana la Loca traería muchos problemas a su madre en el futuro, mientras que María no llegó a ser motivo de angustia.
El embarazo era múltiple, pero la otra niña no sobrevió.
  • INFANCIA

La Infanta María recibió una educación esmerada al igual que todos sus hermanos y hermanas. La Reina Isabel quería que sus hijas tuvieran una extensa cultura, rodeándolas de eruditos y autores. A pesar de que los cinco hijos de Isabel y Fernando; Isabel de Aragón, Juan de Aragón, Juana de Aragón, María de Aragón y Catalina de Aragón; poseían una formación de alto nivel, había diferencias entre los hijos Mayores, Isabel de Aragón y Juan de Aragón, y las menores, Juana de Aragón, María de Aragón y Catalina de Aragón. Juan de Aragón era el Principe de Asturias y Gerona e Isabel era una posible heredera. María de Aragón y Catalina de Aragón compartieron maestro, Alejandro Giraldino, a partir de 1493. En 1489 y 1490, María fue alumna de Andrés de Miranda, el mismo tutor de Juana de Aragón “la Loca”.
Su instrucción parece haber iniciado a los seis años de edad. Sabía latín y otras lenguas romance. Con respecto en el papel de la Infanta María en las alianzas matrimoniales de Castilla y Aragón, puede parecer que su papel no era muy significativo. Incluso pareciera que se le daba mayor importancia al enlace de la Infanta menor, Catalina de Aragón que casaría con el Principe de Gales, Alfonso de Inglaterra y posteriormente Enrique VIII de Inglaterra. María quedaba como reserva en caso de que alguna alianza matrimonial fallara. Se pensó en la vaga posibilidad de casarla con algún Príncipe Napolitano. Cuando Manuel I de Portugal subió al trono portugués, Isabel I de Castilla “la Católica” ofreció como esposa para el monarca luso a su hija María que por entonces contaba con trece años de edad. Pero el Rey portugués exigió el cumplimiento del Tratado de Alcáçovas, que había establecido el matrimonio entre el heredero del trono portugués y la primogénita de los Reyes Católicos, Isabel de Aragón y Castilla, de veintiséis años.
  • APARIENCIA Y PERSONALIDAD

La cuarta hija de Isabel I de Castilla “la Católica” y Fernando II de Aragón “el Católico” es un misterio. Siempre ha sido la menos famoso entre todos sus hermanos y hermanas. Sin embargo, no podía tratarse de una mujer ordinaria después de haber recibido tan excelente educación. Las prácticas religiosas eran muy importantes en su crianza y María lo demostraría en un futuro a la hora de educar a sus propios hijos. Si no hay mucha información acerca de la Infanta en las crónicas de la época, podemos averiguar sobre ella por medio de los datos que poseemos de si hija, la emperatriz Isabel de Portugal. María le inculco a su hija una profunda religiosidad. Ambas tenían la costumbre de visitar iglesias y conventos. Dedicaban tiempo a la oración y a la limosna. Cabe destacar que la piedad religiosa no es de sorprender en una hija de Isabel I “la Católica”. Sin embargo, este rasgo fue diferente en cada uno de sus hermanos, pero María de Aragón, junto con su hermana Isabel de Aragón, parece haber sido aún más devota que los demás. Pero esto no significa que fuera una beata aburrida. Su hija Isabel era una buena amazona y esto parece haber sido inculcado por su madre.
María era de tez blanca, ojos azules y pelo color rubio-castaño. Estas eran las típicas características de la dinastía de los Trastámara. La Infanta no fue muy mencionada por su belleza. La Reina Consorte de Portugal demostró ser una mujer discreta, un ejemplo que debió haber sido muy admirado por su hija Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, era conocida como una dama comedida. Sin embargo, los retratos de la Reina María nos muestran a una mujer con un semblante delicado y no desprovista de belleza. Sus hermanas, especialmente, Juana y Catalina, fueron dos beldades que impresionaron cada una a su manera; Juana con su atractivo exótico, de cabellos oscuros y ojos rasgados y Catalina con la hermosura propia de una “rosa inglesa”, de quien decían que pocas mujeres podían rivalizar con ella. Lo más probable es que la belleza de María se viera opacada, pero no por  eso careciera de encanto.
  • MATRIMONIO
Antes de su matrimonio con Manuel, se había contemplado la posibilidad de que contrajera matrimonio con Jacobo IV de Escocia. Sin embargo, este plan no llegó a nada pues para Isabel I de Castilla “la Católica” y Fernando II de Aragón “el Católico” la alianza con Portugal resultaba más provechosa para los intereses de sus reinos. Su hermana mayor, Isabel de Aragón, estuvo casada con Manuel I de Portugal “el Afortunado”. Isabel de Aragón tuvo un hijo Manuel de la Paz de Portugal, pero Isabel de Aragón murió tan solo una hora después del parto. Al quedarse viudo, Manuel volvió a encontrarse en la necesidad de una esposa. Fue entonces cuando la Infanta María cobró importancia.
El 22 de abril de 1500, Manuel otorgó poderes a su embajador, Ruy de Sande, para que diera conformidad al acuerdo matrimonial, cuyas capitulaciones eran extremadamente ventajosas para él: los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, dotaron a María con doscientos mil maravedíes- descontando los diez mil que la Infanta llevaría en joyas- y unas rentas anuales de 4.500.000 maravedíes en las villas de Sevilla, Fregenal, Aracena, Cazalla y Constantina. Además, se comprometieron a gestionar y pagar las dispensas pontificias que requería el matrimonio, y a enviar a la Infanta María a Portugal cuando el rey Manuel I lo pidiera. El mayor de los hijos nacidos de esta unión gozaría del rango de segundo infante de Castilla. Por su parte, Manuel I ofreció a María la cesión de las rentas señoriales de las villas de Viseu y Torres Vedras y aceptó que viviera en Portugal rodeada por una corte de cincuenta y dos castellanos. Asimismo, se comprometió a derribar mezquitas y a prohibir el culto islámico en su reino, para satisfacer el celo religioso de sus suegros.
El acuerdo matrimonial se firmó en Sevilla el 20 de mayo de 1500, pero María permaneció en Castilla, a la espera de que las dispensas papales diera legitimidad al compromiso. El 30 de octubre de 1500 se casaron. Según los informes fue una relación armoniosa.
  • MUERTE


La salud de la reina María se complicó debido a las secuelas de su último parto que había tenido lugar unos meses antes. María era de complexión delicada y algo enfermiza. Sus embarazos debieron debilitarla mucho. Unos meses antes de su muerte, redactó en castellano un largo testamento. La reina dejaba dinero para que se dieran cinco mil misas por su alma, se vistieran cincuenta pobres y se casaran varias huérfanas. Entre otras peticiones, como la libertad de los cautivos o el perdón de las deudas a sus criados, rogaba que sus hijas sólo se casaran con reyes o con hijos legítimos de reyes, de no ser así, prefería que se casaran con Dios. Más de una autor señala que las intenciones de la reina María al imponer a sus hijas un encierro conventual, de no aparecer un rey o príncipe  adecuado para ellas, era evitar que se casaran con el Duque de Coímbra, Jorge, hijo natural de Juan II, quien había señalado en su testamento el deseo de casar a su hijo natural con una de las descendientes que pudiera tener Manuel I. El rey Manuel cumplió en parte, pues el duque de Coímbra no se casó con una infanta de Portugal pero al menos era una princesa de sangre real.
La muerte de la reina María dio origen a momentos de inquietud. En principio, el rey Manuel pudo sopesar la posibilidad de abdicar, según algunos testimonios. Con muestras de mucho dolor, sin duda, permanece retirado en el monasterio jerónimo de Penha Longa en la sierra de Sintra. Pero su deseo de entrar en religión debió de ser algo pasajero en tal caso. Sus deseos se inclinaron hacia un nuevo matrimonio, con la sobrina de su difunta esposa, Leonor de Austria, pese a no ser necesario para la sucesión. Manuel I tuvo dos hijos con su tercera esposa, un niño y una niña llamada María, seguramente en honor de la difunta reina.
  • DESCENDENCIA

-       Juan  de Portugal y Aragón, Rey de Portugal
-       Isabel de Portugal y Aragón, Reina Consorte de España y Emperatriz         Consorte del Sacro Imperio Romano Germánico
-       Beatriz de Portugal y Aragón, Duquesa Consorte de Saboya
-       Luis de Portugal y Aragón, Duque de Beja
-       Fernando de Portugal y Aragón, Duque de Guarda y Tarancoso
-       Alfonso de Portugal y Aragón, Cardenal
-       Enrique de Portugal y Aragón, Cardenal y Rey de Portugal
-       Eduardo de Portugal y Aragón, Duque de Guimarães
  • En la Ficción
María de Aragón y Castilla es interpretada por Susana Abaitua en la Serie Isabel de TVE.
  • Escudo