- Guerra Civil: Bando de Juana
Muerto Enrique IV el impotente,
casi toda la nobleza apoyó la causa de Isabel, en otras palabras, la alianza de
las coronas de Castilla y Aragón; pero algunas familias muy poderosas de
Castilla abrazaron el partido de Juana.
Juana
había sido reconocida como reina por Diego López Pacheco y Portocarrero,
marqués de Villena, de gran influencia en los territorios meridionales de
Castilla la Nueva por sus inmensos estados, que se extendían desde Toledo a
Murcia. Lo mismo había hecho el duque de Arévalo, que disfrutaba notable
crédito en Extremadura, y en el mismo bando ingresaron el marqués de Cádiz, el
maestre de Calatrava, un hermano de este y el arzobispo de Toledo, Alfonso
Carrillo.- Reina de Castilla y Portugal
Comprendiendo los defensores de
Juana que sus fuerzas eran inferiores a las de Isabel, pidieron al rey
portugués Alfonso V que defendiera el derecho de su sobrina Juana, y le
propusieron que se casara con ella, con lo que vendría a ser también rey de
Castilla. Alfonso aceptó y dirigió a Isabel y Fernando una manifestación,
exigiéndoles que renunciaran a la corona en favor de Juana si querían evitar
las consecuencias de la guerra, y pasando la frontera con 1600 peones y 5000
caballos avanzó por Extremadura. Llegó a Plasencia, donde se le incorporaron el
marqués de Villena y el duque de Arévalo, y allí se desposó el 25 de mayo de
1475 con Juana, a la vez que dirigía mensajeros a Roma solicitando la dispensa
del parentesco que entre ellos mediaba.
Enseguida se proclamó a los desposados reyes
de Castilla, y se expidieron cartas a las ciudades, exponiendo el derecho de
Juana y reclamando la fidelidad de estos. Juana, en dichas cartas, expedidas
por el secretario Juan González, asegura que Enrique IV en su lecho mortal
declaró solemnemente que ella era su única hija y heredera legítima.
Juana trató de evitar la guerra
civil, proponiendo que el voto nacional resolviera la cuestión del mejor
derecho. He aquí sus palabras, tomadas de la carta o manifiesto que dirigió a
las ciudades y villas del reino: «Luego por los tres estados de estos dichos
mis reinos, e por personas escogidas de ellos de buena fama e conciencia que
sean sin sospecha, se vea libre e determine por justicia a quien estos dichos
mis reinos pertenecen; porque se excusen todos rigores e rompimientos de
guerra.»
- Guerra Civil: Comienzan los enfrentamientos
De nada sirvieron estos buenos
deseos. Fernando e Isabel hicieron preparativos para rechazar por la fuerza al
portugués. Este cometió la torpeza de permanecer inactivo en Plasencia y
Arévalo, dando a sus contrarios tiempo para reunir en el mes de julio a 4000
hombres de armas, 8000 jinetes y 30 000 peones.
Rompieron las hostilidades en
varios puntos de la península. Alfonso V, saliendo de Arévalo, se apoderó de
Toro y Zamora. Fernando se presentó delante de Toro con las milicias de Ávila y
Segovia, más bien pronto hubo de emprender la retirada, que fue desordenada y
desastrosa. En cambio los plebeyos castellanos, vasallos de Juana, servían con repugnancia
bajo las banderas portuguesas, y los nobles que apoyaban a la hija de Enrique
IV tuvieron que hacer bastante para defender sus territorios de Galicia,
Villena y Calatrava contra los partidarios de Isabel. Numerosos escuadrones de
caballería ligera extremeña y andaluza causaban la más espantosa desolación en
las tierras de Portugal fronterizas de Castilla, y los nobles portugueses se
quejaban en alta voz de estar encerrados en Toro cuando en su propio país ardía
la guerra.
En Toro tenía Juana su corte con
gran magnificencia, y, al decir de sus parciales, desplegaba grandes cualidades
de reina, aunque solo tuviera entonces trece años. Alfonso V, sin embargo,
hubiera renunciado a sus pretensiones a la corona, recibiendo en cambio el
reino de Galicia, las ciudades de Zamora y Toro y una considerable suma de
dinero; pero Isabel, que consentía en lo último, se negó a ceder un solo palmo
de terreno.
Fiel a esta la ciudad de Burgos,
fue preciso, no obstante, que Fernando sitiara el castillo de la misma guardado
por Íñigo de Zúñiga, partidario de Juana. Alfonso V se puso en marcha para
socorrerlo, pero después de tomar Baltanás y Cantalapiedra, decidió retroceder
por no alejarse demasiado de la frontera portuguesa. Abandonada a su suerte, la
guarnición juanista del castillo de Burgos se rindió a Alfonso de Aragón,
hermano de Fernando en 28 de enero de 1476.
Fue el punto de inflexión de la
guerra civil, puesto que la quiebra de prestigio de Alfonso desencadenó la
disolución del partido de Juana en Castilla y las deserciones de los soldados
portugueses quienes, sin voluntad de continuar al servicio del rey, regresaron
a Portugal. A pesar de las cartas de auxilio militar enviadas por Alfonso a los
grandes nobles juanistas que habían solicitado su intervención en Castilla,
ninguno se mostró disponible, incluso el poderoso marqués de Villena, Diego
López de Pacheco. De todos los Grandes de Castilla partidarios de Juana, solo
Alfonso Carrillo (arzobispo de Toledo) estará al lado del rey portugués en el
día de la batalla de Toro.
Del sitio de la fortaleza de
Burgos pasó Fernando en diciembre a Zamora, cuyos habitantes volvieron a la
obediencia de Isabel y cercaron a la guarnición portuguesa en la fortaleza. Por
su parte, Alfonso V - después de recibir en Toro las tropas de refuerzo de su
hijo Juan a finales de enero de 1476 -
puso cerco al ejército de Fernando que quedó encerrado en Zamora a mediados de
febrero.
- Guerra Civil: Batalla de Toro
En 1 de marzo de 1476, tras dos
semanas de lluvia y frío, el ejército portugués levanta el sitio a Zamora con
la intención de invernar en Toro. Fernando lo siguió y alcanzó cerca de Toro,
donde ambos ejércitos - con aproximadamente 8000 hombres cada uno se
dispusieron en formación de combate.
En la batalla de Toro, mientras
el rey portugués fue derrotado, su hijo, el príncipe Juan, después Juan II de Portugal,
venció con sus huestes al ala derecha castellana, quedándose señor del campo de
batalla.
Pero a
pesar de su resultado incierto, las consecuencias políticas de la batalla de
Toro sellaron la victoria de Isabel que hizo proclamar heredera de Castilla a
su hija en las cortes de Madrigal-Segovia (abril-octubre de 1476); Se entregó a
Fernando el castillo de Zamora el 19 de marzo de 1476; hicieron lo mismo Madrid
y todas las plazas del centro del reino, el duque de Arévalo, el maestre de
Calatrava, su hermano, que era conde de Ureña, y otros muchos nobles.
Ante tal noticia, el partido de
Juana se desintegró y el portugués, sin base de apoyo, acabó regresando a su
reino. Para Juana era el fin del sueño.
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