- Juana entra en Portugal
Después de la batalla de Toro,
Alfonso V, aunque despojado de todos sus aliados castellanos - que fueron a
reforzar las huestes de Isabel -, se mantuvo con el grueso de las fuerzas
portuguesas en Castilla durante tres meses y medio (hasta el 13 de junio 1476) manteniendo
capacidad operacional y lanzando varios ataques en la zona de Salamanca y más
tarde alrededor de Toro: «[Alfonso] nunca dejó de hacer cabalgadas y entradas
por la tierra, [actuando] más como capitán de frontera que no como Rey, como
sería apropiado para su persona real.» Incluso, poco después de la batalla, en
abril de 1476, el ejército portugués organizó dos grandes operaciones militares
para capturar, primero al propio rey Fernando (durante el cerco de
Cantalapiedra) y después, a la reina Isabel (entre Madrigal y Medina del
Campo). Mientras el príncipe Juan retornaba a Portugal en los primeros días de
abril de 1476, más de un mes después de la batalla, con una pequeña parte de
las tropas portuguesas (400 jinetes), para supervisar la defensa de la cada vez más flagelada frontera
portuguesa, su prima y madrastra Juana permanecía en su corte de Toro.
Sin embargo, la estrategia de los reyes
Católicos, que tenían el tiempo y los recursos combinados de Castilla y Aragón
a su favor, comenzaba a producir sus frutos: el perdón negociado con los nobles
rebeldes, el asedio de las fortalezas juanistas, la terrible presión militar
sobre las tierras fronterizas portuguesas - cuyas fuerzas se encontraban en Castilla
-, y finalmente, el comienzo de la guerra naval, para atacar la fuente del
poder y financiamiento de Portugal (su imperio marítimo y el oro de Guinea).
Además, Alfonso quería ir a
Francia para convencer a Luis XI de no renovar la tregua con Aragón, que
expiraría en julio de 1476.
Todo esto hizo inevitable el
regreso del ejército portugués el 13 de junio de 1476, y con él, Alfonso y
Juana de Trastámara se fueron para siempre.
- Exilio en Portugal
Herida en su dignidad e
intereses, se retiró en 1479 al monasterio de Santa Clara de Coímbra, donde
pronunció sus votos al año siguiente. Fernando e Isabel enviaron a la ciudad
portuguesa, para que fuesen testigos de la ceremonia, a Díaz de Madrigal
(individuo del Consejo Real de Castilla) y a Hernando de Talavera (confesor de
la reina). Este dirigió a Juana una exhortación en la que le dijo que había
adoptado el mejor partido según los evangelistas, y terminó su discurso
declarando que ningún pariente, ningún amigo verdadero, ningún consejero fiel,
querrían apartarla de tan santa determinación.
Los votos
irrevocables pronunciados por Juana no impidieron que su mano fuese en 1482
solicitada por Francisco Febo, hijo de Gastón de Foix y de Magdalena de
Francia, hermana de Luis XI de Francia. Febo era el heredero de Navarra. Esta
proposición, hecha a instigación del monarca francés, servía a Luis XI para
suscitar dificultades a los reyes de Castilla y Aragón, que amenazaban el
Rosellón. La muerte de Francisco Febo impidió que las cosas siguieran adelante.
Más adelante la diplomacia castellano-aragonesa le planteó a Juana casarse con
el príncipe Juan, heredero al trono, pero Juana rechazó la oferta.
En 1500 el rey portugués Manuel
el Afortunado planteó el matrimonio con Juana. Estaba viudo de la infanta
Isabel (hija de los Reyes Católicos) y estaba esperando la dispensa papal para
desposar con su cuñada María, y con ello pretendía acelerar los trámites para
obtener la dispensa.
Se dice también (pero no está
probado) que, viudo de Isabel I en 1504, el rey Fernando de Aragón le propuso a
Juana que se casara con él. Así esperaba Fernando resucitar los títulos de esta
princesa a la sucesión de Enrique IV y quitar el reino de Castilla a Felipe de
Austria, que gobernaba en nombre de Juana I. La Beltraneja no quiso aceptar
como esposo al que en otro tiempo la había declarado hija adulterina de Juana
de Portugal y Beltrán de la Cueva.
Sin embargo, la religiosa de
Coímbra, como complacían en llamarla los castellanos desde que tomó el velo; la
excelente señora,como decían los portugueses, salía con frecuencia del
convento. Finalmente los reyes de Portugal le otorgaron morada en el castillo
de San Jorge de Lisboa, donde vivía con gran aparato protegida por los reyes de
Portugal, los cuales insinuaron más de una vez que podían dar nueva vida a los
derechos de la infortunada princesa. Así, hasta el fin de sus días, Juana firmó
con las palabras Yo la reina.
En el año 1522, mientras Castilla
estaba envuelta en una nueva guerra civil, llamada de las Comunidades, Juana
testó sus derechos a la corona de Castilla a favor del rey Juan III de Portugal
(nieto de los Reyes Católicos).
Murió el 12 de abril de 1530. Sus restos
mortales se hallan actualmente desaparecidos, como consecuencia del terremoto
de Lisboa.
- Escudo
No se la conoce escudo.
- En la Ficción
Juana la Beltraneja es interpretada por Carmen Sanchez en la serie Isabel de TVE.

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